Ser extranjero en la tierra en la que naces

Faussan nació en 2016 en el Hospital Universitario de Moncloa, en Madrid. Para entonces, habían pasado nueve años desde que sus padres decidieron abandonar Bangladesh para vivir en España. “Cuando nació, lo inscribimos en el registro y le hicimos el pasaporte de Bangladesh, porque él no era español, era bangladeshí”, explica su padre, Hassan. Un año después de su nacimiento, sus padres solicitaron en su nombre la nacionalidad española. A pesar de haber nacido en España en 2016, no fue hasta 2020, cuatro años después, cuando finalmente Faussan fue ciudadano español.

Si Faussan hubiera nacido en otro país de la Unión Europea, sus primeros años de vida podrían haber sido distintos. En Alemania, Portugal e Irlanda habría adquirido la ciudadanía automáticamente al nacer. Como con cualquier otro bebé nacido en el país de padres nacionales, estos habrían ido al registro para inscribir su nacimiento como ciudadano, no tendrían que haber tramitado el permiso de residencia para el niño y este nunca habría engrosado la cifra de concesiones de nacionalidad porque habría sido ciudadano del país desde su nacimiento.

En 2022, Italia y España fueron los dos países en los que se concedieron más nacionalizaciones, 213.716 y 181.581 respectivamente, según los últimos datos de Eurostat. La tercera parte de ellas fue a personas que habían nacido allí y que, a pesar de ello, en muchas ocasiones aún cargan con los estigmas y obstáculos que soportaron sus padres cuando llegaron. La proporción es parecida en Austria, y aún mayor en Grecia, donde más de la mitad de las 12.733 personas a las que se concedió la nacionalidad fueron niños que habían nacido allí.

De las 181.581 personas nacionalizadas en España en 2022, 55.079 habían nacido en el país. “No es el porcentaje mayoritario de nacionalizaciones, pero es creciente”, explica Claudia Finotelli, investigadora de la Universidad Complutense de Madrid especializada en políticas migratoria. De hecho, las adquisiciones de nacionalidad de personas nacidas en España han pasado de suponer el 9,1% del total en 2013 al 30,3% en 2022, según datos del INE.

De esos más de 55.000 niños, la mayoría —casi 32.000— tienen padres marroquíes. Es el caso de la hermana de Yousseff Ouled. Él llegó a España en 1999, con solo cuatro años, y su hermana nació ya en suelo español. Pero pasaron muchos años más hasta que consiguieron ser españoles. “Ella, a efectos de la administración, era como yo y mis hermanos, es decir, una migrante más, a pesar de haber nacido aquí”, recuerda. La familia de Youssef esperó a cumplir los 10 años reglamentarios de residencia antes de solicitar la nacionalidad. Para cuando se la concedieron, en 2013, Youssef ya tenía 18 años, y su hermana, 14.

En ese año 2022, Alemania ocupó la tercera posición en el ranking de concesiones de nacionalidad de Eurostat: 166.640. Pero hay una diferencia importante: allí, los hijos nacidos de personas extranjeras son automáticamente alemanes si uno de los padres tiene permiso de residencia desde hace ocho años, un plazo que bajará a cinco desde el próximo junio, a raíz de la última reforma de la Ley de Ciudadanía, aprobada a principios de año.

Aunque en la Unión Europea se contempla la nacionalidad por descendencia —ius sanguinis— en vez de por lugar de nacimiento —ius soli—, varios países sí añaden que, en determinadas circunstancias, las personas nacidas allí sean ciudadanas sin importar la nacionalidad de sus padres. En concreto, según recoge el Observatorio Global de la Ciudadanía (GLOBALCIT), hay cinco países en los que se otorga la nacionalidad de manera automática a quienes allí nacen con padres extranjeros si se cumplen ciertos requisitos. Además de Alemania, son Portugal e Irlanda —que consideran nacionales a los niños cuyos padres han vivido allí desde el año anterior y en los tres años antes del nacimiento respectivamente—, y Luxemburgo y Francia, que otorgan la nacionalidad automáticamente cuando la persona nacida allí cumple su mayoría de edad si justifica al menos cinco años de residencia previa, pero que también ofrecen la posibilidad de solicitarla cuando la persona es aún menor de edad. En el caso de Francia, a pesar de contemplarse esa nacionalidad automática al cumplir la mayoría de edad, más de la cuarta parte de las cerca de 114.500 concesiones de 2022 fueron a niños de entre 13 y 17 años que la solicitaron —o sus padres en su nombre— justificando cinco años de residencia.

Frente a ellos, en otros quince países no hay ninguna posibilidad de que los niños nacidos allí de padres extranjeros sean considerados nacionales automáticamente, pero sí se contemplan procedimientos para adquirir la nacionalidad con menos requisitos que en el procedimiento general, sobre todo en cuanto a plazos necesarios de residencia legal previa. No hay una regla común: mientras en España las personas nacidas en el país pueden pedir la nacionalidad con un año de residencia legal, en Italia no pueden solicitarla hasta que no cumplen la mayoría de edad y, en Grecia, cuando son escolarizados. En el caso de Suecia, por ejemplo, el número de años de residencia necesarios se amplía a tres, pero incluyendo no solo a los niños nacidos allí si no a todos los menores de edad, sin importar el lugar de nacimiento.

En todos estos países, el primer obstáculo a superar para conseguir la nacionalidad es tener residencia legal. “Cuando nacen con padres en situación irregular, adoptan ese régimen”, explica Diego Fernández-Maldonado, abogado de Cáritas Madrid especializado en extranjería. Este abogado señala que, de las 400.000 personas en situación irregular que hay en España, según calcula la plataforma Regularización Ya, que lanzó la iniciativa legislativa popular aprobada a principios de abril para reclamar una regularización extraordinaria, un “porcentaje importante son menores de edad”. Añade que, una vez que se consigue el permiso de residencia, el siguiente problema es no caer de nuevo en la irregularidad sobrevenida para, así, poder cumplir los años de residencia legal requeridos. Y hay varios motivos que pueden llevar a no poder renovar el permiso de residencia: falta de documentación del país de origen, tener antecedentes penales o salir del país durante más tiempo del permitido.

Arbër Agalliu es un activista italo-albanés que lleva diez años reclamando la reforma de la ley de ciudadanía italiana y es cofundador del colectivo Italianos sin ciudadanía. “Si has nacido en Italia, pero has pasado demasiado tiempo fuera del país antes de cumplir los 18 años, te arriesgas a que rechacen tu solicitud de nacionalidad”, afirma. Agalliu pone como ejemplo el caso de Nadia, amiga suya nacida en Italia con padres marroquíes: “Pasó demasiados veranos en Marruecos con la familia durante su infancia y le rechazaron la solicitud”.

Él mismo llegó a Italia en 1998, cuando tenía tan solo 11 años, a causa de la crisis financiera que asoló Albania a finales de los 90. Explica cómo, cuando era niño, en el colegio era más ofensivo llamar a alguien “albanés” que “gilipollas” y sus padres muchas veces le sacaban de clase para llevarle a comisaría a que dejara sus huellas dactilares para renovar su documentación. “Experimentar esta situación de ilegalidad incluso siendo niño, en una etapa de la vida en la que no deberías preocuparte en absoluto por esas cosas, te deja una huella”, cuenta.

Mismos requisitos, aunque hayas nacido en el país

Pero hay países europeos en los que es más difícil aún. Es el caso de Dinamarca, que en 2004 eliminó la posibilidad de declararse daneses para las personas allí nacidas cuando cumplieran 18 años, y que, en 2021, dificultó aún más su acceso a la nacionalidad añadiendo como requisito, igual que para el resto de personas, mantener un trabajo a tiempo completo durante tres años y medio.

“Ese es el gran problema que tienen que afrontar muchísimos jóvenes que han nacido y se han criado aquí, en Dinamarca: tienen que esperar a terminar sus estudios y después trabajar durante varios años antes de poder solicitar la nacionalidad. Si han decidido ir a la universidad, para cuando puedan solicitarla igual han cumplido ya los 30”, lamenta Eva Ersbøll, investigadora del Instituto Danés de Derechos Humanos y antes asesora legal del Ombudsman, el equivalente danés al Defensor del Pueblo español.

En 2022, según los últimos datos publicados por el INE, había más de 524.200 personas nacidas y residentes en España con nacionalidad extranjera. En muchos casos no han podido acceder a la nacionalidad porque aún no han podido demostrar un año de residencia legal. En otros casos, son personas cuyos padres han decidido no solicitarla. Es el caso de la hija de Qiang SHi, que nació en Madrid hace 13 años. Su padre, ciudadano chino, lleva 17 años viviendo y trabajando en Madrid, donde regenta un pequeño restaurante en el centro. “Yo soy de nacionalidad china, y mi hija también”, señala. Explica que, en su caso y en el de su hija, no han pedido la nacionalidad española porque eso les obligaría a abandonar la china, ya que no hay un acuerdo entre los dos países que permita mantener ambas, como sí lo tiene España con los países iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial, Portugal y, desde 2022, Francia. “Para nosotros supondría más problemas burocráticos si tenemos que ir a China por cualquier motivo”, afirma. En el caso de su hija, SHi prefiere que sea ella misma la que elija qué nacionalidad prefiere tener cuando alcance la mayoría de edad: “Será ella quien lo decida, no yo”.

En 2022, en España vivían 224.000 ciudadanos chinos, siendo la sexta nacionalidad más presente entre los residentes extranjeros —4% del total de estos—. A pesar de eso, ese año se contaron tan solo 450 concesiones de nacionalidad a personas con este origen, un 0,25% del total. De ellas, 289 fueron para nacidos en España.

Dinamarca, Malta y Polonia son algunos de los siete países europeos que no contemplan ningún procedimiento de acceso a la nacionalidad dirigido a las personas nacidas allí de padres extranjeros, por lo que estas tienen que afrontar el mismo trámite, con los mismos requisitos, que el resto de extranjeros que llegan al país. En la mayoría de ellos, ni siquiera se contempla el caso de quienes han nacido en el país con padres que, aunque no tienen la nacionalidad, también nacieron allí, la llamada “migración de tercera generación”.

La única excepción son los niños que, de otra manera, serían apátridas: los hijos de personas apátridas, procedentes de países que han dejado de existir o que no tienen administración, y los hijos de personas cuyos países no consideran nacionales a los hijos de sus ciudadanos si nacen en el exterior, como Paraguay. Fue el caso de la hija de Perla, trabajadora sexual paraguaya que reside en España. Cuando su hija nació, pidió que la inscribieran con nacionalidad española por simple presunción en el registro civil de Valdepeñas (Ciudad Real), la ciudad en la que vive. Pero no en todos los países de la UE esto se cumple: solo 12 países contemplan que estos niños sean automáticamente ciudadanos al nacer en el país, sin poner más requisitos, entre ellos España, Francia, Italia. En otros 13, como Alemania o Austria, tienen que cumplir ciertos requisitos de residencia legal. En el caso de Chipre y Rumanía, ni siquiera se contempla el acceso a la nacionalidad para estas personas.

Una oportunidad perdida en buena parte de la Unión Europea

Crecer en un país que te considera extranjero es, como poco, “raro”, según relata Youssef Ouled. Cuenta cómo, con tan solo 14 años, tuvo que curtirse en cómo funcionaba la administración, y, sobre todo, en el estigma que suponía “no ser español del todo”. Un estigma que sentía con pocos años de edad y del que fue aún más consciente cuando fue creciendo y los agentes de policía le pedían la documentación por la calle, o cuando llegaban las elecciones y, a diferencia de sus compañeros, no podía votar, o cuando tenía que renovar, cada pocos años, su permiso de residencia.

Durante toda su vida se han sentido daneses, se consideran daneses, hablan danés, hacen sus exámenes, se gradúan; se comparan con sus compañeros daneses, que han nacido en los mismos hospitales, asistido a las mismas escuelas… Y cuando llega este proceso de nacionalización, por primera vez muchos de ellos empiezan a considerarse no tan daneses como antes se sentían”, explica Eva Ersbøll sobre las personas nacidas de padres extranjeros en Dinamarca, donde ya no se permite que accedan a la nacionalidad al cumplir 18 años, como sí pasaba antes.

Christina Gathmann, jefa del Departamento de mercado de trabajo del Instituto de Investigaciones Socioeconómicas de Luxemburgo, tacha de “oportunidad perdida” que en la mayoría de países no se reconozca la nacionalidad por nacimiento a los hijos de personas extranjeras: “Creo que, en términos más generales, Europa se está quedando un poco atrás; en muy pocos países piensan en los beneficios de la ciudadanía por nacimiento de los niños que nacen de padres extranjeros”.

Pone como ejemplo Alemania: “Esto tiene grandes implicaciones, por ejemplo, en las opciones educativas: ves a muchas más personas yendo al nivel académico más alto en la escuela secundaria, ves más gente empezando y cursando estudios universitarios”, afirma Gathmann. Y la razón de esto la tiene clara: “Los padres, desde el principio, pueden tener una perspectiva diferente de las oportunidades que van a poder tener sus hijos”.

Ahora Youssef tiene 29 años, trabaja como periodista, está casado y tiene una hija de 2 años, ella sí española desde su nacimiento. Hace ya casi nueve años que consiguió la nacionalidad y su vida es ya más fácil. Sigue sintiendo cierto estigma, aunque de manera diferente. “No me para menos la policía por tener la nacionalidad: antes sacaba el NIE y me tenían una hora contra la pared, y ahora saco el DNI y me dicen ‘circula’, pero me siguen perfilando, cacheando y criminalizando igual”, afirma.

Son los llamados “migrantes de segunda generación”, una denominación que, como señala Agalliu, también debería borrase de nuestro vocabulario. “Para muchos de ellos, el único proceso migratorio fue desde el hospital en el que nacieron hasta sus casas”, dice.

Metodología

Para la realización de este reportaje, hemos partido de la base de datos “GLOBALCIT Citizenship Law Dataset – Modes of Acquisition of Citizenship“ para analizar las vías de acceso a la nacionalidad que tienen las personas nacidas de padres extranjeros en cada país de la Unión Europea. En el caso de Irlanda, en Globalcit se señala que se da la nacionalidad a hijos de personas con residencia en Irlanda o Reino Unido, dato que no coincide con lo expuesto por la web oficial del Gobierno irlandés, en las que se explica que son nacionales los hijos cuyos padres han residido en Irlanda o Irlanda del Norte en los tres años anteriores.

Para los países en los que existen procesos por los que estas personas pueden solicitar la nacionalidad, hemos buscado en las estadísticas estatales el número total de concesiones de nacionalidad concedidas a este grupo de personas, por cada una de las modalidades de acceso contempladas en la legislación del país, en el año 2022, último año con datos de concesiones de nacionalidad totales recogidos por Eurostat. En concreto, las fuentes utilizadas han sido Eurostat, Υπουργείο Εσωτερικών (ΥΠΕΣ), Statistics Austria, Instituto Nacional de Estadística (INE), Migrationsverket, Institut National de Statistique et des Etudes Economiques (INSEE), Ministère de l’Intérieur et des Outre-mer, Ministerstvo vnitra České Republiky, Tilastokeskus y Myria. En el caso de Italia, donde no se publican cifras de concesiones de nacionalidad por tipo de acceso, nos hemos puesto en contacto vía mail con el Istituto Nazionale di Statistica, que nos ha facilitado las cifras de nacionalizaciones referentes a personas nacidas en Italia.

Colaboración

Este artículo ha sido realizado por Civio junto a la Red Europea de Periodismo de Datos (EDJnet). Además de realizar las correspondientes solicitudes de información a los diferentes países, otros medios a nivel europeo nos han prestado su ayuda para comprobar la información. Eso ocurre con los datos de Irlanda (gracias a Noteworthy), de Alemania (Deutsche Welle), de Italia (OBCT), Eslovaquia (Dennik N) o Grecia (MIIR). También hemos incluido entrevistas realizadas a solicitantes de otros países gracias a la ayuda de MIIR y de OBCT.

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