Contenido |
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● Introducción (ver). ● Enfermedades inmunoprevenibles sensibles al clima (ver) | Enfermedades relacionadas con el agua y los alimentos (ver) | Enfermedades transmitidas por mosquitos (ver) | Enfermedades transmitidas por garrapatas (ver) | Enfermedades de transmisión respiratoria (ver). ● Prevención y mitigación. El papel de las vacunas y la vacunación (ver) | Vacuna del cólera (ver) | Vacuna de fiebre amarilla (ver) | Vacuna de malaria (ver) | Vacuna de dengue (ver) | Otras (ver). ● El camino a seguir: desarrollo de vacunas para el cambio climático (ver). ● Conclusiones (ver). ● Más información en esta web, referencias bibliográfícas y enlaces recomendados (ver). |
En pocas palabras |
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● El cambio climático es un importante impulsor de cambios en la dinámica de numerosas enfermedades infecciosas. Se reseña una publicación que explora el papel de las vacunas para mitigar estos efectos. ● Se consideran enfermedades sensibles al clima las asociadas al agua y los alimentos, las trasmitidas por vectores (mosquitos y garrapatas) y las enfermedades de trasmisión respiratoria. ● Las vacunas frente al cólera, fiebre amarilla, paludismo y dengue pueden jugar un papel importante en la tarea de mitigar los efectos del cambio climático. ● Para ello habría que abordat barreras importantes principalmente relacionados con el desarrollo, el suministro y el acceso a las vacunas. |
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El principal efecto del cambio climático es el aumento de las temperaturas, pero existen numerosos fenómenos adversos secundarios con capacidad de producir daño al ser humano. De hecho, el cambio climático es un importante impulsor de modificaciones en la dinámica de las enfermedades infecciosas a través de cambios en la temperatura y las precipitaciones. Es sabido que el cambio climático agrava enfermedades que suponen una carga mundial importante, y también se prevé la aparición y reaparición de otras enfermedades infecciosas (Shuman EK, N Engl J Med 2010; Semenza JC, Infect Dis Ther 2022). Un estudio reciente sobre 375 enfermedades infecciosas en todo el mundo encontró que el 58 % de ellas, especialmente las transmitidas por vectores y por el agua, se han agravado por el cambio climático (Mora C, Nat Clim Chang 2022). Además, el efecto es desproporcionadamente mayor en países de medio y bajo índice de desarrollo (Shuman EK, N Engl J Med 2010).
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Enfermedades relacionadas con el agua y los alimentos
Estas enfermedades son especialmente frecuentes en países de baja renta y en niños menores de 5 años. Los principales patógenos causantes son Vibrio cholera, Salmonella typhi, y otros microorganismos causantes de diarrea, cuya incidencia aumenta con las lluvias y las temperaturas elevadas, por lo que el cambio climático tiene un efecto directo en ellas (Delahoy MJ, Environ Health 2021).
Aunque de forma menos evidente que con el cólera, patógenos como Escherichia coli, rotavirus, Salmonella typhi y otras salmonellas muestran igualmente una relación estrecha con la temperatura, inundaciones y otros efectos climáticos (Liu Z, Environ Res 2018; Khalil I, Lancet Infect Dis 2018). La carga de enfermedad producida por helmintos como el esquistosoma o el anquilostoma puede igualmente aumentar como consecuencia del cambio climático, lo que supone una amenaza en países donde estos parásitos tienen una elevada incidencia (Stensgaard AS, Acta Trop 2019).
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Enfermedades transmitidas por mosquitos
La OMS estima que las enfermedades transmitidas por vectores suponen el 17 % de todas las enfermedades infecciosas, ocasionando más de 700·000 muertes anuales. La carga de enfermedad es más elevada en países de bajo índice de desarrollo, registrándose la mayoría de los casos en regiones tropicales y subtropicales (Caminade C, Ann N Y Acad Sci 2019). La temperatura influye significativamente en la supervivencia y transmisión de los vectores y los patógenos que transportan (Bellone R, Front Microbiol 2020).
El paludismo (malaria) continúa siendo una de las enfermedades infecciosas más prevalentes y graves, casi la mitad de la población humana está en riesgo (Liu Q, J Travel Med 2021). La transmisión del Plasmodium se realiza a través del mosquito Anopheles, cuyo ciclo vital está fuertemente influenciado por la temperatura ambiental. De hecho, los estudios señalan que el calentamiento global de la atmósfera contribuye a una expansión del mosquito hacia el norte, y una prolongación de los períodos de transmisión (Fischer L, Travel Med Infect Dis 2020). Aunque los patrones de precipitaciones también influyen en la supervivencia del mosquito, la interacción no es tan evidente como con la temperatura (Rocklov J, Nat Immunol 2020). Paradójicamente, temperaturas muy elevadas pueden exceder la capacidad de transmisión del parásito y disminuir la incidencia de la enfermedad, indicando cómo quizás el cambio climático pueda contribuir a la lucha contra la malaria en África y Sudeste Asiático (Ryan SJ, PLoS Negl Trop Dis 2019).
La incidencia de dengue, enfermedad transmitida principalmente por mosquitos Aedes, está aumentando rápidamente. El riesgo de transmisión depende de la temperatura y de las precipitaciones. Se espera que el calentamiento global provoque un cambio en la distribución de esta enfermedad, facilitando la expansión de la misma. Así, se prevé que en 2050 el 68 % del continente europeo podría ser terreno propicio para el Aedes albopictus, frente al 49 % actual (Syntayehu DW, Infect Ecol Epidemiol 2020).
Los virus del Zika y del Chikunguña también son transmitidos por el mosquito Aedes, y predominan en el continente americano. Se ha sugerido una relación entre el fenómeno El Niño y el brote más reciente de zika en 2015, que afectó a 130 millones de personas (Moore SM, PLoS Negl Trop Dis 2020). En cualquier caso, las predicciones señalan un incremento de casos debido al aumento de temperaturas, lo que favorece la transmisibilidad del mosquito (Ryan SJ, Glob Chang Biol 2021). El chikunguña se transmite, igual que el dengue y el zika, por el mosquito Aedes aegypti y Aedes albopictus, por lo que se esperan expansiones similares del virus, especialmente hacia Centroeuropa, China y América Central (Tjaden N, Sci Rep 2017).
Otras enfermedades transmitidas por vectores como la fiebre amarilla, leishmaniasis, filariasis pueden ver igualmente modificadas su incidencia y expansión (Gaythorpe KM, eLife 2020).
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Enfermedades transmitidas por garrapatas
La enfermedad de Lyme es la enfermedad transmitida por garrapatas más frecuente en Estados Unidos y en Europa. El vector, la garrapata del género Ixodes, es muy sensible a las condiciones medioambientales y se estima que el cambio climático pueda causar una expansión en la distribución de la garrapata hacia el norte, que ya ha sido referida en Norteamérica y Escandinavia (Bouchard C, Canada Commun Dis Rep 2019).
Otras enfermedades transmitidas por garrapatas, como la encefalitis centroeuropea o la fiebre hemorrágica Crimea-Congo, también se espera que puedan aumentar su incidencia en paralelo con el aumento global de las temperaturas (Daniel M, Front Cell Infect Microbiol 2018).
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Enfermedades de transmisión respiratoria
El efecto del cambio climático en este tipo de enfermedades está menos estudiado por el momento y se precisa más investigación.
La gripe es un ejemplo de enfermedad en la que el incremento de las temperaturas ocasiona una reducción en la incidencia (Park JE, Influenza Other Respir Viruses 2020). El efecto neto del cambio climático, considerando también factores como la vacunación, es difícil de establecer, y sería necesario en futuros estudios valorar otras variables dependientes del clima, que puedan influir en la replicación viral.
Otro patógeno importante es el virus respiratorio sincitial. En este caso, el papel de la temperatura es todavía menos claro y a menudo contradictorio (Radhakrishnan D, BMC Infect Dis 2020).
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Las próximas décadas estarán marcadas por las consecuencias demoledoras del calentamiento global, incluyendo la exacerbación de enfermedades infecciosas sensibles al clima, que plantean una importante amenaza mundial para la salud del ser humano (Figura 1). Es fundamental tomar medidas para prevenir y mitigar estos posibles efectos.
La eficacia de las vacunas ha reducido sustancialmente la carga de algunas enfermedades infecciosas y eliminado otras por completo. Para algunas enfermedades infecciosas existen ya vacunas muy efectivas, que podrían ayudar a proteger de enfermedades infecciosas endémicas y emergentes impulsadas por el cambio climático. Disponer de vacunas eficaces contra enfermedades como el dengue y la malaria supondría un avance de valor incalculable para la salud pública mundial. Teniendo en cuenta los acontecimientos previstos en el marco del cambio climático, incluso la protección parcial de las vacunas podría ser importante y evitar una carga mayor para las comunidades que ya están muy afectadas.
Por otra parte, la inmunización generalizada supone una estrategia viable a corto plazo para mejorar los resultados de salud en los países de ingresos bajos y medianos o combatir la crisis climática en sí. Además, las vacunas pueden reducir el uso de antibióticos y, por lo tanto, se consideran una herramienta valiosa para combatir la resistencia a los antimicrobianos (Micoli F, Nat Rev Microbiol 2021).
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Vacuna del cólera
El cólera es un ejemplo claro de cómo una vacuna eficaz puede mitigar los efectos del cambio climático. Actualmente, las vacunas orales frente al cólera se administran principalmente de forma reactiva en entornos de emergencia por brotes y/o crisis humanitarias con elevado riesgo de infección. En 2022, la OMS anunció el desabastecimiento de vacunas contra el cólera debido al aumento de la demanda mundial tras grandes brotes, que también se han atribuido al cambio climático (Wierzba TF, Hum Vaccine Immunother 2019). A medida que aumenta aún más el riesgo de brotes, mitigarlos y prevenirlos mediante la inmunización en comunidades especialmente susceptibles por sus condiciones de vida podría tener un impacto sustancial (Lee EC, PLoS Med 2019). También sería importante establecer las zonas y edades de mayor riesgo de enfermedad, para así optimizar las vacunas disponibles. Superar las actuales limitaciones de suministro podría inducir en el futuro un cambio crucial de la vacunación reactiva a la preventiva con el objetivo de lograr la inmunidad colectiva, erradicar localmente el cólera y evitar por completo los brotes epidémicos. El cólera endémico podría potencialmente controlarse con una cobertura estimada de 50 a 70 %, lo que acentúa los beneficios sustanciales de la vacunación masiva (Longini IM, PLoS Med 2007).
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Vacuna de la fiebre amarilla
Es otro ejemplo de vacuna eficaz, aunque sería deseable que las coberturas fueran más elevadas. Se ha demostrado que las campañas nacionales de vacunación reducen los casos y la frecuencia de brotes. Sin embargo, la cobertura actual en África se estima en 44 % e incluso ha disminuido en las últimas décadas. Siguen produciéndose brotes y hasta 473 millones de personas en zonas de riesgo necesitarían vacunación para lograr una cobertura suficiente a nivel poblacional (Shearer FM, Lancet Infect Dis 2017).
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Vacuna del paludismo (malaria)
Desarrollar vacunas eficaces para enfermedades transmitidas por vectores ha demostrado ser un reto cada vez más necesario por la expansión de vectores inducida por el cambio climático. En 2021, tras varias décadas de ensayos e investigación, la vacuna RTS, S/AS01 (Mosquirix) fue autorizada por la OMS para la vacunación de niños en zonas de riesgo (Laurens MB, Hum Vaccine Immunother 2020). Otra vacuna muy prometedora es la R21/Matrix-M, todavía en fase de desarrollo, aunque se espera su pronta comercialización (Datoo MS, Lancet Infect Dis 2022).
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Vacuna del dengue
La vacuna CYD-TDV (Dengvaxia), de virus vivos atenuados, está autorizada en varios países endémicos, pero su aceptación e incorporación a los calendarios de vacunación se ha visto limitada por su comportamiento variable en diferentes grupos de edad, así como por la respuesta, dado que en sujetos seronegativos se ha comprobado la posibilidad de desarrollar formas graves de la enfermedad (Wilder-Smith A, Curr Opin Virol 2020). La otra vacuna disponible, Qdenga, es también de virus vivos atenuados y ha sido recientemente aprobada por la EMA para la prevención de la enfermedad del dengue causada por cualquier serotipo en personas a partir de los cuatro años. Se trata, además, de la primera vacuna contra esta enfermedad que puede utilizarse en individuos independientemente de su exposición previa al virus del dengue y sin necesidad de pruebas previas a la vacunación (Biswal S, N Engl J Med 2019).
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Otras
Enfermedades infecciosas que se espera que puedan agravarse con el cambio climático y para las que no existen por el momento vacunas disponibles deberían incluirse de forma prioritaria en programas de investigación y desarrollo. Sin embargo, la mayoría de las enfermedades infecciosas provocadas o agravadas por el cambio climático ocurren predominantemente en los países de bajo índice de desarrollo y suponen un claro ejemplo de la conocida brecha 10/90: menos del 10 % del gasto en I+D en salud se aplica a enfermedades que representan más del 90% de la carga mundial, la mayoría de las cuales son enfermedades infecciosas (Viergever RF, Glob Health Action 2013).
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El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) ha reconocido el potencial de las vacunas para mitigar el efecto del cambio climático en las enfermedades transmitidas por vectores (IPCC, 2022). Sin embargo, persisten retos importantes principalmente relacionados con el desarrollo, el suministro y el acceso a las vacunas.
Por otra parte, el riesgo de la reemergencia de determinadas enfermedades infecciosas y/o la aparición de nuevas pandemias puede verse incrementado por el cambio climático, y las vacunas siguen siendo el mejor medio para controlar y mitigar los brotes de enfermedades. El rápido desarrollo de vacunas frente al SARS-CoV-2 y las nuevas plataformas tecnológicas para lograrlo podrían servir como modelo para futuras pandemias (Excler JL, Nat Med 2021).
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Referencias bibliográfícas y enlaces recomendados
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