Desde el 5 de noviembre de 2022 que José Luis Mendilibar, 15 años futbolista y 22 entrenador, escribió su primera colaboración en Relevo y, por supuesto, después cuando decidió volver a lo suyo, al banquillo, primero del Sevilla y después del Olympiacos, hemos hablado tal puñado de veces que nuestras conversaciones, casi siempre relacionadas con su persona, sus experiencias, y el maravilloso juego del fútbol, deberían estar agotadas, pero no. El jueves pasado, sentados frente a frente, en un restaurante a la orilla del mar que baña la costa ateniense, muy cerca de donde ahora vive, me di cuenta que todavía tenemos carrete. Es un gran conversador.
La ocasión, su segunda final europea en un año, lo merecía, incluido viaje al corazón de Olympiacos. Charla más que entrevista. Una más, como cada vez que superaba las eliminatoria; Ferencvaros, Maccabi Tel Aviv, Fenerbahce, Aston Villa… En cada una de ellas, ‘Mendi’ había puesto a prueba la capacidad de aguante de su sistema nervioso, sin querer preguntar por su sistema coronario que, entre otras cosas, no le permite ver los lanzamientos de penalti y se tiene que dar la vuelta.
Atrás quedan también los partidos de la SuperLiga griega en los que buscaba una remontada casi imposible. La realidad es que estuvo ahí, a pesar de la distancia que tenían sus predecesores, PAOK, AEK y Panathinaikos, antes de su llegada. Al final, llegó a los tres últimos encuentros con opciones. De haber ganado los tres hubiera sido campeón, pero en la misma situación estaban los rivales con mejor puntuación. Se tuvo que conformar con ser tercero y asegurarse la Conference League de la temporada próxima. Si el miércoles gana la final, el premio será la Europa League.
Se ha adaptado bien a Atenas, aunque ni ha pisado el centro, ni ha tenido tiempo de hacer turismo más allá de alguna escapada de dos días “No he ido ni a ver la Acrópolis, ya me vale”. Como buen ciudadano del banquillo sabe hacerse un hueco en sus nuevos destinos. Su vida griega es casi monacal. De su apartamento en Glyfada, cerca del mar, donde viven casi todos los técnicos y jugadores, a la Ciudad Deportiva de Olympiacos. Y los días de partido, o especiales, como el que nos ocupa, por el media day, al estadio Karaiskakis. Entre 30 y 45 minutos de coche. Es decir, madrugón diario y paciencia para manejar el caótico tráfico. “Aquí todas las horas son punta. Hay que entenderles cómo conducen. Vale todo. No pitan, si acaso las motos, pero te pueden adelantar por todos los lados. Yo tengo la suerte mi camino es directo y siempre a orillas de mar. De momento no he tenido ningún imprevisto”.
Campeón de Zaldivar en timidez, Mendi esboza una sonrisa y saluda, “Kaliméra, kaliméra” cuando nota que las personas con las que nos cruzamos le han reconocido. Le piden muchas fotos y acepta todas. “En Sevilla también me pedían muchas. Después de ganar la final, la verdad es que me sentía un tanto agobiado”. Estamos en zona rojiblanca. Allí, cerca del Pireo, los de Olympiacos son mayoría. Moreno, delgado. Está en su peso. Se cuida, le cuida, mejor dicho, su mujer, Mari Carmen, que desde hace semanas se marchó con él, como había hecho ya en Sevilla. Le prometo que es la última charla de la temporada, pero bien sabe que el miércoles después de la final, para bien o para mal, tendrá que volver a escuchar mi voz. “Qué pesadez de tío… En la hora que acepté colaborar con Relevo”, seguro que ha pensado en más de una ocasión. Lo entiendo.
Buenas curvas. Es verdad. La temporada pasada, ésta… Es la primera vez que he salido de la Liga en la que he estado toda la vida. La verdad es que ya pensaba que no iba a salir nunca, siempre me retraía el tema del idioma, pero tengo que reconocer que me encuentro bien, feliz, tranquilo, trabajando muy cómodo. Disfruto del día a día. He llegado a un gran club y a un club grande, las dos cosas y que te permite trabajar. En la Ciudad Deportiva estamos solo los jugadores, el cuadro técnico, el director deportivo, si acaso Karembeu, que es el gran embajador del club y trabaja cerca con Kovacevic. Buenas instalaciones con la residencia para concentrarnos. Puedo decir que he acertado viniendo y más ahora que estamos en la víspera de una final, pero hace un mes le hubiera dicho lo mismo. Los entrenadores dependemos de los resultados, pero noto que, desde un principio, caí bien, caí de pie. Me gusta todo lo que me rodea y tengo cerca. Noto el cariño de la gente. He tenido suerte porque yo solo hablo español y euskera y he llegado a un equipo en el que el 80 por ciento de los jugadores entienden el castellano, el 60 lo habla y el traductor me ayuda en inglés para una minoría.
Entrenador de Olympiacos
Sí, sí, de verdad, soy yo mismo. Les hablo con mi estilo y les castigo con mis clásicas ‘volatas’ (volteretas cuando hacen un ejercicio o algo mal en el entrenamiento). Seguro que el primer día se la mandé a alguno de los que me entiende, o me conoce más. Tengo tres españoles, pero ya todos saben lo que es una ‘volata’… Nadie me ha dicho nada por mi forma de ser, ni creo que les haya molestado mi vehemencia. Alguno, al principio, es verdad que me miraba raro cuando gritaba o gesticulaba, pero al poco tiempo se acostumbraron a mis berrinches. Soy cercano, les hablo mucho… Ya me conocen.
No, no creo que me valga de mucho. Otros equipos, otras situaciones. Lo de la experiencia es un grado es para el Real Madrid que lleva 14 títulos y 17 finales y se nota que los que juegan contra él le tienen mucho respeto, pero no creo que eso me pase a mí porque ganara el año pasado. A la Fiorentina le da igual, seguro, que yo esté en el banquillo del rival. Ni creo que mis jugadores vayan a jugar mejor porque yo gané con el Sevilla a la Roma.
Es que no cambio yo mucho, por no decir nada, de un partido de Liga a uno de Europa. No vamos a cambiar ninguna de nuestras costumbres, ni vamos a cambiar nada tácticamente, ni me voy a inventar nada de última hora. No entra en mi cabeza hacer algo raro el último día. Si te ha ido bien con lo que estás haciendo, hasta el punto de que estamos en una final, para qué vas a cambiar. Yo no soy un ‘gurú’ ni hago milagros. Yo respeto a los rivales, pero no me vuelvo loco con ellos. Sé cómo juega, pero no me obceco con él. Quiero que los míos sean los míos. Espero ganarla, la verdad, lo espero, pero siendo nosotros mismos.
Entrenador de Olympiacos
Supongo que ahora aparecerán igual… Cuando estaban calentando los jugadores y me quedé en el vestuario, como siempre hago. Antes, en los paseos, menos. Pero en la soledad del vestuario sí las noto, de verdad. Solo quiero que comience lo antes posible el partido. No tengo cosas muy raras en cuanto a supersticiones se refiere, algo tengo, claro. Repetir camiseta o traje, pero tampoco nada. Si este año se me ha visto más con traje es que en los partidos europeos el club quiere que viajemos con traje y ya que lo llevaba, me lo ponía en el banquillo. Pero en casa siempre he estado con camiseta, además aquí no hace frío. Lo único que pido al partidos es poder poner al once que quiero. Tengo tres jugadores ‘tocados’, pero espero que se recuperen. Si estamos todos bien, somos un buen equipo, muy competitivo. Eso es lo importante, no si llevo una cosa u otra.
Sí, creo que sí. La idea no ha cambiado y ya se ve que es un equipo mío. El dibujo, la ocupación de los espacios, dónde y cómo queremos jugar. Somos valientes, agresivos. Me preocuparía que a estas alturas no lo fuéramos, sería que los jugadores no habían asimilado nada, no habríamos avanzado nada.
Podría decirle que sí, porque sabía que aquí habían entrenado técnicos españoles, como Valverde, Míchel, Oscar García, aunque estuvo poco… También sabía que a principio de temporada había comenzado con Diego en el banquillo. Soy de los que me gusta seguir a jugadores que he tenido en mis anteriores equipos, o que han jugado la Liga española. Había hablado hacía tiempo con Ernesto. Me había extrañado que viniera dos veces, y le pregunté por qué. Te suena a equipo grande de Grecia, que ha jugado Champions contra los clubes españoles. Y claro, ya cuando mi representante, Iñaki Ibáñez, me dijo que había posibilidades de venir, me lancé al ordenador para saber más cosas. Me enteré de que el presidente había comprado también el Nottingham Forest en Inglaterra y el Rio Ave en Portugal. Ademas, llamé a Valverde y a Míchel y los dos me dijeron que viniera, que no lo dudara, que era un gran club e iba a estar bien. A Kovacevic no le conocía de San Sebastián, le conocí ya aquí, cuando iba a firmar.
Entrenador de Olympiacos
Bueno, está lejos, pero tenemos un vuelo directo Bilbao-Atenas… Aquí se vive bien. Hay sol. La gente es sencilla. No, no de verdad no tuve ninguna impresión negativa. Cuando llegamos, el primer partido de Liga que teníamos que jugar era contra el PAOK en Salonica, en la ‘Tumba’, como llaman a ese estadio… Me dijo Valverde, joder, vas al estadio más caliente de todo el país en contra de Olympiacos y fue verdad. Hora y media antes los fondos estaban llenos. Un griterío que te hacía levantar la vista… Yo salí a darme mis paseos y me aconsejaron los de seguridad que no me acercara a uno de los fondos, que no llegara hasta la línea de gol, que me quedara al borde del área y volviera. Y eso que detrás de las porterías había una zona amplia. Fue un buen bautizo. Además ganamos 1-4.
En Grecia, Olympiacos nunca puede renunciar a la Liga mientras tenga opción matemática de ganarla. Es el Real Madrid de Grecia. Por los Campeonatos, por la historia. Aquí solo se entiende ganar. La Conference nos ayudó a mantenernos en la lucha. No renunciábamos a la SuperLiga, a pesar de la desventaja, pero cuando eliminamos al Ferencvaros, vimos una puerta abierta. Los jugadores se mentalizaron bien. Les ilusionaba jugar contra el Fenerbahce, luego el Aston Villa. El Macabbi no tenía un gran nombre, pero siempre habían tenido rivalidad con los equipos israelís y claro, perdimos en casa 1-4. En la Liga, ellos se ponen a tope en los derbis contra ‘Pana’ y AEK. También, a lo mejor ya contra PAOK, pero en los demás partidos les cuesta más meterse. Tienes que estar pinchándoles para que compitan de verdad.
En el Levante también tuve una plantilla de muchas nacionalidades, no tantas claro y fue poco tiempo. Lo importante es que el jugador te entienda, si no lo hace, malo. No es solo entender el idioma. es entender los conceptos del juego. Hay momentos que tienes que utilizar a un jugador, que te va a ayudar a explicar mejor a su compañero lo que queremos en determinado momento. Mejor que el propio traductor que tengo siempre la lado. Entre ellos hablan de lo mismo. La realidad es que nos estamos entendiendo bien. Los jugadores se ayudan entre ellos.
Muchas cosas. Me ha llamado mucho la atención que la Federación está muy abierta a ayudar a los clubes. Y si tiene que aplazar partidos por algún compromiso europeo, o de la propia selección, lo hace. Paramos dos jornadas antes de los partidos de clasificación de Grecia para la Eurocopa. A nosotros nos han ayudado en este sentido. No es un calendario cerrado. Eso en España no pasa, salvo en caso de llegar algún club español a la final. Aquí se piensa en ayudar a los clubes. Me llama la atención también que en los partidos todo el mundo anda por donde quiere. Van, vienen, pasan por delante en pleno partido. En la Liga, en los banquillos están contados: suplentes, médicos, utilleros y poco más. Aquí está quien le da la gana. Kovacevic, por supuesto, nuestro director deportivo se sienta en el nuestro. Dice que no puede estar en el palco o en la tribuna. Al menos él sabemos quién es.
Entrenador de Olympiacos
Que no pueden ir de visitante a determinados campos por todo lo que ha pasado anteriormente. Nosotros no podemos ir ni al estadio del ‘Pana’, ni del PAOK ni del AEK. Ni ellos al nuestro. Ahora se juega la final de Copa, Panathinaikos-Aris y van a poder entrar al estadio 50 personas. También me llama la atención que a los que aquí llaman ultras, no solo gritan, gritan mucho, es que no paran de moverse, con el cuerpo es como si quisieran empujarte. Corporalmente no paran de exigirte que vayas para adelante, que ataques… Se sienten un equipo grande y siempre hay que mirar a la otra portería.
A ver si me explico. Fue peor, nos llamaron para renovar después de haber perdido un partido en casa contra Panathinaikos (1-3) que es como si el Athletic pierde con la Real o viceversa. Más incluso. Yo dije que no llevábamos un mes todavía y que dieran tiempo al tiempo, que esperaran. Nada, que no. Que un año más. Nos quedamos en esas, comenzando a negociar Iñaki con ellos y llegó el Maccabi en la Conference y nos metió 1-4 en casa. Había que jugar la vuelta en Serbia. No se podía jugar en Tel Aviv por la guerra. Yo pensaba, por lo menos en ganar. El partido de ida en casa había sido tan malo que no se podía repetir uno igual. Pero no podía pensar que les íbamos a meter seis. Surgió todo, no como estaba pensado, sino como tenía que surgir. Desde el club no me dijeron nada. Ya estaba renovado. Contentísimos, pero claro fue una situación muy rara en lo que a la renovación se refiere. Renovamos en el peor momento del equipo, al menos en cuanto a resultados.
La eliminatoria con los turcos fue muy dura. Aquí, que ganamos 1-0 y allí, que marcaron pronto y tenían todo el partido para marcar otro. Llegamos a los penaltis. Todo el mundo dice que es un momento de suerte o desgracia. Bien, Sí. Pero también cuenta la calidad. Nuestro portero paró tres y los jugadores metieron todos…
Cuando nos tocó el Aston Villa, estaba convencido de que el primer partido allí lo íbamos a ganar. Pero convencido. Se lo dije a todo el mundo. Luego, aquí podría pasar lo que pasara. Me gusta jugar contra los ingleses en su ambiente porque siempre dan la cara, son valientes, como yo quiero que sean mis equipos. No se guardan nada. Tenía más miedo a la vuelta y eso que habíamos ganado 2-4. Temía que nos pudiéramos relajar, pero no fue el caso. No creo que el Aston Villa estuviera pensando en la Premier. Ellos tenían bajas, pero jugaron todos los que podía jugar. Su entrenador había ganado tres Europa League y conocía estas situaciones extremas, pero al final los que juegan son los futbolistas. Después del primer partido no hablé con Emery. A la vuelta, sí. Me deseo suerte para la final. Estaba decepcionado. Normal, no había ganado.
No, ni lo he pensado. Creo que vamos a ganar, pero no tengo ningún temor, ni por mí, ni en general. Si no ganamos, dentro de un mes nadie se acordará de quién ha jugado la final. La gente solo se acuerda del campeón. Pero no noto en el ambiente de que pueda pasar algo gordo si no ganamos. Noto que la gente está contenta con nuestro trabajo. Nos exigirán que ganemos, que peleemos, que ataquemos… Eso lo haremos. Lo que no sé es cómo saldrá lo de jugar en el estadio del AEK. La rivalidad ahora es mayor con ellos. No querían bajo ningún concepto de que jugáramos allí. Es como si el Barça tiene que jugar la final en el Bernabéu. Intentaron con la Federación griega que se cambiara de sede, pero yo dije que no, que era mejor jugar en Atenas, aunque sus aficionados querrán que perdamos, como los de Panathinaikos. No creo que lleguen a comprar entradas para animar al contrario y seguro que nosotros podremos tener más entradas de las que nos corresponden. Medio estadio debe ser nuestro. Pero puede haber problemas entre las aficiones, entre ellas más que con los de la Fiorentina…
Y ésta lo es también aunque haya llegado en febrero. Lo que yo no podría hacer si no me hubieran salido bien las cosas, es decir que la plantilla la había hecho otro, u otros. No podía quitarme el muerto. Yo sabía la plantilla que iba a tener y si no me hubiera gustado, tendría que haberlo dicho en su momento, no ahora. Si dices que sí, es que asumes el equipo que te dan. Yo no soy así. Sí dije que sí es porque estaba de acorde con lo que iba a tener. Lo que sí tengo claro es que para el próximo año tendré más poder decisión y trabajaré codo con codo con Kovacevic para hacer el equipo. Podrán venir seis jugadores que le gusten a él y cuatro que me gusten más a mí, pero lo más importante es que vamos a trabajar juntos porque nuestra relación es muy buena. Yo soy más de pedir puestos que nombres propios… Las necesidades del equipo son las importantes, no si el jugador lo ficha el entrenador o el director deportivo.
Nada, ¿qué va a pasar? Yo seguiré aquí. No tengo ninguna ventana de escape, ninguna cláusula de rescisión. Mi intención es seguir. Es lo que tengo firmado. Luego, si viene ese gran club del que me habla, que no creo, lo primero que haré es decirle que tengo contrato y que no negocio, que hablen con el club. Conmigo no tienen que hablar. Nunca he querido hacer ese tipo de contratos que deja abiertas puertas para tu marcha. ¿Qué fidelidad tienes a un club si ya te pones ese tipo de cláusulas? Nunca he firmado nada de eso. Otra cosa es que te venga un gran club, que este ya lo es, pague un dinero y se ponga de acuerdo con el club que me tiene fichado. Bueno, pues ya está. Yo nunca hablaré con nadie teniendo contrato en vigor. Cuando no firmo contratos más largos y prefiero ir año a año, es porque quiero conocer a la gente con la que voy a trabajar y que ellos me conozcan a mi. Y sí salen mal las cosas… ¿Para que vas a seguir dónde no te quieren porque haya un contrato firmado. Yo nunca diré: ‘o me pagas o no me voy’. Yo firmo los contratos porque tengo que firmar, porque hay que tenerlo, solo es eso. Si firmo en un lado no voy a estar pensando que el año siguiente puedo estar en otro lado si me salen bien las cosas.
Entrenador de Olumpiacos
Sí, sí toda.
Primero el Eibar, es mi equipo. Estuve siete temporadas. Por supuesto, preguntaba por el Sevilla y luego ya por los amigos, el Athletic por Valverde, la Real… Y, en general, por los clubes por los que he pasado.
Sí. Está muy reciente lo del año pasado. He dejado allí gente que estaba de mi lado y he tenido muy buena relación con muchos.
Sí, sí, es complicado. Tienen prisa para todo. Tienen que hacer grandes cambios en la plantilla, en los presupuestos económicos, en más cosas, pero parece que la meta tiene que ser igual siempre y hay momentos que no se puede aspirar a ciertas cosas y se quiere seguir aspirando. Hay un asunto extradeportivo en el club que influye mucho en todo. Quizás no directamente en el equipo, pero sí en el entorno, en la afición. Eso hace que no haya tranquilidad, que se esté pendiente de lo que dice el uno, el otro, qué puede pasar. No es bueno para un club.
Para qué va a cambiar si le va tan bien… La gente me dice que ha tenido suerte en Manchester o en otro partido y yo les digo que no es suerte, también hay que saber jugar esos partidos. Ha conseguido que todos los rivales le respeten y eso hace mucho en el campo. Y a Ancelotti cada día le admiro más. Saber estar en todos los años que lleva, saber llevar a los jugadores que tiene, no tener nunca ningún problema con ningún futbolista, ni en las ruedas de Prensa… Es algo que me llama la atención. Eso lo puede hacer él, nadie más… Yo le admiro por eso, yo saltaría más en alguna ocasión, no me callaría, pero él no. Es más pausado. Los jugadores, además, le respetan mucho por los clubes donde ha entrenado, por lo que ha ganado. Yo me metería en más charcos… Es que él no se mete en ninguno.
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