“Me despertaba por las noches y no podía ni mover el pie. Iba gateando al baño para hacer pis, era un dolor insoportable” | Relevo

Cristina Bea

Cuando alguien dedica 1.128 días de su vida a recuperar su físico y su cabeza para volver a jugar al fútbol y decir desde el verde “adiós y gracias” entiendes perfectamente que sus años posteriores estén dedicados a “vivir”: almorzar con sus amigos, visitar a sus padres, hacer deporte, “ver más fútbol que nunca…” Así es la vida actual de Bruno Soriano (Artana, 1984), quien nos recibe con uno de sus mejores amigos en su pueblo, a 20 kilómetros de Vila-real, donde en 2020 se despidió de los terrenos de juego como One Club Man tras una sucesión de lesiones que nos relata como nunca antes y que convirtieron su vida “en una agonía”. “Me despertaba por las noches y no podía apoyar el pie, ni moverlo. Iba gateando al baño para hacer pis, era un dolor insoportable”. El causante, “el famoso Sudeck, que yo no sabía lo que significaba”. Pero durante año y medio tuvo tiempo de aprender a su pesar lo que conllevaba, y no se ha quitado del todo el dolor.

Un dolor distinto al que le provoca no haber conseguido un título con el Villarreal, que levantó la Europa League la campaña siguiente a su retirada: “Era la obsesión número uno que yo tenía como futbolista. Me iba a dormir todas las noches pensando cuándo iba a levantar un título con el Villarreal”, confiesa, entre otras espinitas, el exmediocentro que contaba los balones que robaba. “Creo que es muy importante, porque si te obsesionas en eso, lo que haces es mejorar”. Bruno se reconoce reservado, y lo es, pero me lo encuentro sereno, sincero, cercano. Sonríe como tampoco le había visto antes. Lo hace cuando asegura que le habría gustado tener a Emery de entrenador -el técnico le quiso para el Valencia y el Spartak de Moscú, y no coincidieron en el Villarreal por cinco días-. La seriedad vuelve cuando cuenta que le sabe mal que Rodri no juegue en España, que está “sufriendocon el equipo groguet esta campaña o que se siente identificado con Rafa Nadal en su intento de vuelta a las pistas. “Me veo muy reflejado: ha estado un tiempo sin jugar, supongo que habrá tenido todos los mejores cuidados, intentando volver a jugar al máximo nivel… Ufff. Es el miedo que yo tengo también con él, que lo veo y pienso: ‘¿Cuánto te va a durar esto?’ Con estos problemas físicos al final tienes que parar y tener otra vida”.

Bruno, cuéntanos, ¿cómo estás? ¿Qué es de tu vida? Que estás muy desaparecido, ¿eh?

Sí. (Se ríe.) Ahora, viviendo un poco la vida de forma distinta a lo que he vivido durante mis últimos 20 años, más o menos. Viendo fútbol desde la tele, más que nunca, y disfrutando de otras cosas que antes no he podido mientras jugaba a fútbol. Tengo muchas aficiones y hay que atender un poco a todo.

¿Como cuáles? ¿A qué dedica Bruno Soriano su tiempo libre?

Cosas básicas, tampoco me complico mucho. Si me da por hacer deporte, hago deporte. Salgo con la bici, salgo a correr, hago un poquito de gimnasio, quedo con mis amigos para venir y verlos y salir a almorzar con ellos, disfruto con mi familia y con mi hijo pequeñito, puedo viajar más, puedo dedicar el tiempo a lo que me apetece y poco más, una vida muy normal y muy tranquila.

¿Cómo es la vida en Artana? Un pueblo de ¿1.950 habitantes? ¿Habéis crecido?

(Sonríe.) Bueno, siempre rondamos los 2.000, a veces un poco más, un poco menos, pero por ahí está siempre. Siempre decimos que somos una población de 2.000 habitantes, más o menos, y la vida aquí es muy tranquila. Ahora mismo estoy viviendo en Benicàssim, pero siempre estoy por aquí. Vengo mucho a ver a mis amigos y a mi familia, mis padres viven aquí. Tenemos la suerte de tener unas montañas increíbles en las que me gusta mucho estar y pasar el rato, hacer deporte. Somos unos privilegiados por tener estas montañas, una cosa que yo disfruto mucho y que la gente que es de aquí no valoramos tanto, pero sí que te das cuenta cuando sales fuera y luego vuelves.

En el equipo de tu pueblo empezaste a jugar al fútbol pero también aquí comenzó tu vida laboral, porque antes de vivir del fútbol tuviste muchos trabajos, ¿no? De ‘collidor’, trabajaste en una cantera…

Sí, sí, trabajé cogiendo naranja una temporada con la gente de aquí del pueblo, luego fui a la obra con mi padre, estuve trabajando en una cantera también aquí en Artana, como a veces se decía, picando piedra, pero no era realmente así. Hay unas máquinas que hacen todo ese proceso. Pero sí, sí, bien, para mí no significaba nada negativo, al contrario. Creo que fueron experiencias muy positivas de las que tengo un gran recuerdo, compartí con compañeros también lo que es trabajar en el día a día y es una historia un poco diferente a la mía, porque tuve que trabajar y eso me valió mucho para luego cuando llegué a Villarreal darme cuenta de lo que valía un peine, como se suele decir.

¿Cómo te condicionó en tu vida de futbolista el saber, como tú dices, lo que valía un peine? ¿Te cambió la percepción?

Me cambió porque cuando definitivamente pude dejar el trabajo, que ya tenía unos ingresos que me permitían dedicarme 100% al fútbol y llegar al primer equipo, iba por las mañanas a entrenar. No quiero decir que era una vida más fácil, pero sí que era llegar a entrenar en la ciudad deportiva, dos horas, dedicabas un poquito más de tiempo y te ibas a tu casa hasta el día siguiente. Y luego el fin de semana, el partido, cuando yo lo que venía haciendo era trabajar ocho, nueve o diez horas al día, cobrando mucho menos dinero. Entonces eso me sirvió para decir: ‘Este tren no se me puede escapar. He venido a un sitio donde mi trabajo se valora y se paga muy bien y tengo que aprovechar, porque yo no tenía ni estudios e intenté aprovechar al máximo para luego tener una vida cómoda como la que creo que me he ganado (dice sonriendo).

Tú tenías presente el fútbol y el Villarreal a ti, pero te tuvieron que buscar dos veces, ¿verdad? Se te hacía larga la distancia Artana-Villarreal (20km.)…

Sí, fui a probar a Villarreal al principio, más de jovencito, con 14 o así, estuve jugando dos temporadas, pero me volví aquí a Artana. Tenía que quedarme en Villarreal estudiando y para mí bajarme a Villarreal a estudiar y todo, era un mundo. Aunque estuviese muy cerca, yo era muy de estar con mi familia y con mis amigos y era muy del pueblo, no quería salir a ningún sitio. Me encontraba bien aquí en casa, disfrutando de los míos y decidí jugar aquí. Creo que fueron dos temporadas más aquí en el pueblo y otra vez el Villarreal se fijó en mí para volver a la escuela.

El Villarreal fue literalmente a buscarte a casa para que volvieras, pero tú no estabas…

Sí, me llamó mi madre, bueno, me llamó mi madre, no, llamó a unos amigos míos, porque yo estaba en el pueblo de al lado viendo los toros con unos amigos y justo me llamó mi madre para decirme que habían venido gente de Villarreal que querían hablar conmigo para bajar a jugar allí.

¿Cómo te convencieron? ¿Qué hubo de diferente esta vez para que ya accedieras y pensaras en el fútbol como primera opción?

Simplemente me dijeron si quería bajar a Villarreal a probar, al Villarreal “C”. Enseguida dije que sí, bajamos a hacer la pretemporada y en poco tiempo pude firmar mi primer contrato, que ya me permitía ingresar un poco de dinero y vivir más del fútbol, y en casa también decidimos apostar para intentar ser futbolista. En casa era también cómodo, mi padre me bajaba a Villarreal a los entrenamientos y me subía, y a partir de ahí fui creciendo.

Tu padre te llevaba en coche, tú al menos hasta entonces creo que ibas con una Scooter.

Sí, sí, vamos, yo iba con mi scooter a todos los lados, por aquí por el pueblo, si hacían toros, que yo soy muy aficionado, pues íbamos a verlos… Una vida de un chaval normal de aquí, lo que todo el mundo suele hacer.

Eras aficionado a los toros y sigues siéndolo porque te hemos visto hace poco recortando una vaquilla, ¿no?

(Se ríe). Sí, sí. Sigo siéndolo, sigo siéndolo. Tengo muchas anécdotas de eso porque ahora la gente se sorprende, que a lo mejor hacen toros en algún sitio y me ven por allí, pero es que a mí antes de ser futbolista, por las calles y eso, ya me gustaba mucho. Íbamos a los pueblos para ver las vaquillas, para ver los toros. Tengo un amigo que se llama Pascual, que también es muy taurino, y le decía siempre que cuando me retirase volveríamos a ir a hacer alguna capea y a torear y tal, y él no me creía, pero ya se ha dado cuenta de que iba en serio. Durante mi carrera yo tenía un contrato con el Villarreal muy serio como para poder meterme ahí, no me lo iba a jugar de ninguna forma. Ahora no le tengo que dar explicaciones a nadie y puedo hacer lo que me gusta.

Estando ya en el «B» haces la pretemporada con el primer equipo, con Pellegrini, y te dice que te vas a quedar en el primer equipo. ¿Cómo recuerdas aquella primera conversación con el chileno, al frente de un equipazo como aquel Villarreal?

Sí, yo era un chaval muy joven, con muchísimo respeto, venía de un pueblo muy pequeño, para mí Villarreal eran todo estrellas. Ya sabemos aquella época de los Riquelme, Forlán, Marcos Senna, Robert Pires… Pues imagínate, ¿no?, y yo un chaval muy humilde, entraba en el vestuario, decía buenos días y si alguien me respondía, bien, y si no, pues… (Se ríe). Intentaba no molestar mucho, intentar acoplarme y poco a poco ir creciendo. La verdad que me adapté muy bien, poquito a poco, fui quemando etapas para intentar escalar posiciones e intentar jugar más minutos, y el míster me dio la oportunidad de debutar en Primera División, algo que siempre queda ahí.

¿En quién te fijabas? Porque vaya referentes en el centro del campo.

Marcos Senna fue la persona que más ha influido en mi juego. También Josico en aquel momento tenía muchas palabras hacia mí, siempre nos quedábamos después de los entrenamientos e intentaba rectificarme o hablarme siempre de forma positiva para que fuese creciendo. En Marcos veía a un jugador tan importante, tenía una capacidad muy grande física, era bueno en las dos áreas, llegaba arriba, llegaba abajo a defender. Vas fijándote y yo que era siempre muy observador, intentaba copiar, que creo que es una cosa que se tiene que hacer cuando llegas a los sitios y ves cosas de alguien que está por encima de ti; intentaba ser como él, intentar llegar a su nivel.

¿Y cómo era tener cerca a Riquelme? ¿Cómo era en las distancias cortas?

Bien, un compañero… especial. Diferente, de los diferentes. Aquí la gente siempre lo recuerda como uno de los buenos que hemos tenido y es verdad, era así. Yo recuerdo cuando me regalaba botas. Yo no tenía firmado nada con ninguna marca y él siempre me decía: ‘No, Bruno, cógete los pares que quieras’. Como yo era muy humilde siempre cogía sólo un par y me decía: ‘No, cógete dos o tres, así tienes para toda la temporada’.

Y bien, jugar con él, un jugador diferente. Creo que podríamos haber disfrutado mucho más de él, porque fue poco tiempo. En aquel momento yo estaba saliendo, estaba empezando y me hubiese gustado compartir vestuario con él estando yo a mi máximo nivel. Tengo un poco esa espinita clavada. El último partido de Leyendas pudimos jugar juntos pero me hubiese gustado jugar con él en el máximo nivel, porque era un jugador que siempre se ofrecía bien, estando por delante siempre te daba alternativas, tenía un último pase y tenía muchas cosas. Un jugador para disfrutar.

El entrenador que te he escuchado siempre decir que fue el que más te hizo disfrutar y mejorar más fue Ernesto Valverde.

Sí, sí. También va todo ligado a la experiencia que vas cogiendo. Vas creciendo como futbolista y yo creo que ahí ya empecé a ser más importante. Él fue con el que hice un clic muy importante en la agresividad y en la forma de defender, porque él me decía que sí, que cuando tenía el balón jugaba muy bien, pero que cuando no lo tenía, tenía facetas que tenía que mejorar. Eso lo entendí y me convertí como jugador, incluso disfrutaba de esa faceta, de intentar robar… Llegué hasta jugar partidos contando los balones que iba robando. Creo que es muy importante porque si te obsesionas en eso, al final lo que haces es mejorar. Intentaba ser un jugador bueno en las dos áreas. Ya teníamos lo de jugar bien, sacar bien el valor y asociarme bien, pero me faltaba esa agresividad defensiva. Eso fue lo que me llevó a ser un jugador más importante.


“Llegué a jugar partidos contando los balones que iba robando. Creo que es muy importante, porque si te obsesionas en eso, lo que haces es mejorar”

¿Y qué me dices de haber tenido al lado a Santi Cazorla?

(Sonríe). Top, en todos los sentidos. Jugador top, en el que siempre me he fijado también. Una persona increíble de tener cerca en el vestuario: hace buen vestuario, crea buen ambiente, siempre con la sonrisa, siempre con buenas palabras, competitivo al cien por cien, que una cosa no quita la otra. Tenemos el caso, por ejemplo, de Joaquín en el Betis, que los comparo mucho, porque son jugadores que tienen muchísima calidad y luego tienen una personalidad que son extrovertidos, crean buen ambiente, pero a la vez son muy competitivos, son ganadores, y eso es lo que creo que hace falta dentro de un vestuario. Y Santi ya sabemos el jugador que es, para mí tenerlo cerca ha sido un privilegio porque sólo tenía que levantar la cabeza y siempre estaba bien posicionado para darle el pase.

¿Y qué ha significado para ti Fernando Roig? Porque tú has sido un One Club Man, que en el fútbol cada vez se va a ver menos, pero Fernando fue determinante para ti sobre todo cuando llegó el Valencia después del descenso del Villarreal en 2012 y no saliste del club y firmaste un contrato vitalicio.

El presi, para mí, una persona muy, muy importante. Desde siempre ha confiado mucho en mí, sobre todo el año que bajamos a Segunda División, que él dijo que no me iba a mover de aquí y así fue. Para mí es un crack. Siempre que nos reencontramos tiene buenas palabras para mí, lo respeto muchísimo por todo lo que está haciendo tanto por el Villarreal como por la gente de Villarreal, todo lo que ha conseguido ahora con el estadio. Podemos tener malas dinámicas como la que estamos teniendo actualmente, pero él siempre está ahí y lo va a dar todo por el equipo.

¿Cómo fue ese momento? Bajáis, es la temporada 2011-12, llega el Valencia y sé que luego Emery te quiso también para el Spartak de Moscú, pero eso ya no sé si lo llegaste a valorar. Lo del Valencia sí por momentos pareció que se podía hacer… ¿Te lo planteaste?

Sí, y lo de Moscú también, porque era para mí sobre todo una oferta económica muy buena y también un equipo importante. Yo era muy de casa y era una liga que no conocía, y para mí salir de Villarreal era algo que no me planteaba, ni incluso bajando a Segunda División. Yo siempre he dicho que cuando bajamos a Segunda, esa misma noche, ya les dije a mis representantes que no me quería ir a ningún sitio, que yo quería jugar en Villarreal. Incluso cuando llegaron las ofertas de Moscú, de Valencia y varias más, que yo lo tenía clarísimo. Yo quería seguir jugando en Villarreal, pero sí que quería que se me valorase, como decía el presi, que fue lo que luego pasó. No me iba a quedar aquí teniendo ofertas mucho mejores. El Valencia, en aquel momento, se había clasificado para jugar Champions. Claro, tienes que valorarlo todo. Para mí Villarreal es lo más importante, estaba dispuesto a quedarme en Villarreal jugando en Segunda División, que fue lo que pasó, pero necesitaba que se me valorase como la gente decía: iba a ser de los jugadores más importantes en el Villarreal, entonces, necesitaba ese reconocimiento en mi contrato para que esas palabras fuesen realidad.

Y lo fueron.

Sí, fueron ocho años de contrato, una cosa que recuerdo con mucho cariño, ya no sólo por el tema económico sino por todo ese tiempo que me ligaba al club de mi vida, que sabía que iba a ser así. Estoy muy orgulloso de haber tenido toda mi carrera en el Villarreal. Estoy orgulloso de ser un One Club Man, que hay muy pocos, cada vez menos, y eso siempre para mí va a quedar ahí: no voy a jugar en otro club, no voy a vestir otra camiseta, ése es el equipo de mi vida y el que ha sido desde bien jovencito y creo que eso es algo también que voy a llevar siempre conmigo.

Emery te quiso para el Valencia y luego te quiso para Moscú. Ha sido una relación imposible incluso por días en el Villarreal, ¿no? (Bruno se retiró el 18 julio de 2020 y Unai Emery llegó al club groguet cinco días después).

Sí, y justo vino a Villarreal y fueron campeones de Europa. Siempre hemos tenido alguna conversación cuando él estuvo aquí en Villarreal, de eso mismo, que siempre me quiso y nunca pudo ser, pero me hubiese encantado. Me hubiese encantado tenerlo como entrenador porque estamos viendo todo lo que está consiguiendo. Es una persona que creo que es muy obsesiva con todo lo que hace con respecto al fútbol y creo que eso es lo que te lleva al éxito, tener esa responsabilidad. Creo que los mejores tienen que ser así.


“Me hubiese encantado tener a Emery de entrenador. Es una persona muy obsesiva con todo lo que hace en el fútbol y esa responsabilidad es la que le lleva al éxito”

¿Cómo viviste ese primer título en la historia del Villarreal, la temporada siguiente a tu adiós?

Fue un poco agridulce para mí porque después de estar toda mi vida intentando conseguir un título, porque yo era la obsesión número uno que tenía como futbolista. Me iba a dormir todas las noches pensando cuándo iba a levantar un título con el Villarreal, cosa que nunca pudo pasar, pero bueno, me sentí muy orgulloso por la gente del club, por mis compañeros, que tenía muchos compañeros que habían estado conmigo y disfrutando muchos años juntos. Sobre todo, por Fernando, por el presi, por el hijo, por José Manuel y toda la gente de Villarreal, de las oficinas, de mucha gente que conozco en Villarreal que se sintieron campeones y yo también me sentí un poco, la verdad. No voy a decir que no. Sí que es verdad que no soy campeón de nada porque nunca he dado un título, pero bueno, no pasa nada, hay que aceptar las cosas como vienen. Me hubiese encantado levantar el título y disfrutarlo con todos mis compañeros, pero la vida es así, hay que seguir y lo he intentado, no ha podido pasar, pero por suerte el Villarreal ya tiene el primer título de su historia.


“Conseguir un título era la obsesión número uno que yo tenía como futbolista. Me iba a dormir todas las noches pensando cuándo iba a levantar un título con el Villarreal”

¿Te arrepentiste de haberte retirado? ¿Pensaste: ‘Por qué no aguanté un poco más’?

No, no, nunca, nunca, porque ya me costó mucho llegar al final de mi carrera e intentar competir sólo unos minutos en Primera División. El último partido que me retiré, pfff, llegué casi apurado. Lo di todo para jugar y poder decir adiós desde dentro del campo, pero me costaba mucho entrenar con mis compañeros, me costaba mucho llegar a jugar un partido y completarlo. No me sentía bien para jugar al máximo nivel y creo que fue lo mejor. Mucha gente me decía: ‘Oye, ahora que te has recuperado, juega un año más’, pero es que yo no estaba recuperado al 100%. Para jugar al máximo nivel y en Villarreal tienes que estar al 100%. Todos tenemos dolores, pero hay cosas que te impiden jugar a fútbol, y yo ya no estaba bien para ir a entrenar con mis compañeros, completar todos los entrenamientos, jugar en fin de semana… Era una agonía para mí la vida, porque sólo llegaba a casa, intentaba hacer todo para entrenar bien al día siguiente, tener unas mínimas condiciones para poder entrenar. Cuando llegas a ese punto ya te das cuenta de que lo mejor es dejarlo y que sigan otros.

¿Era dolor o qué era lo que tenías que te generaba esa agonía?

Bueno, dolor en la rodilla, dolores en la espalda. Yo siempre he sufrido mucho de espalda, entonces cuando llegaba a casa después de los entrenamientos tenía que hacer movilidad, descansar. Simplemente un paseo de 10 minutos con mi mujer le decía que no, que tenía que estar en casa descansando. Bueno, ahora llevo una vida más relajada y no tengo que rendirle cuentas a nadie, pero yo tenía un compromiso muy fuerte con el Villarreal y toda mi vida rodaba en torno a estar bien para intentar entrenar bien e intentar competir en el partido con unas mínimas condiciones. Entonces, cuando me pasaba algo me sentía muy mal, me frustraba, era otra vez el dolor y para estar así es mejor no estar.


“La vida era una agonía para mí, porque llegaba a casa y sólo intentaba hacer todo para entrenar bien al día siguiente, tener unas mínimas condiciones”

Compromiso hasta el punto de que trabajaste 1.128 días para volver. Me acuerdo que charlamos aquel día cuando volviste contra el Sevilla, pero es que si lo pensamos en tiempo, es más que el que tiene ahora tu hijo, que tiene dos años y medio. Tardaste 3 años, 1 mes y 1 día en poder volver…

Es mucho tiempo para estar lesionado, sobre todo, psicológicamente. Bueno, todo, psicológicamente y físicamente, porque ves que pasan los días y es muy incómodo ir a la ciudad deportiva y ver a tus compañeros que a lo mejor uno se lesiona del ligamento y le quedan seis meses o siete por delante y vuelve antes que tú, que en principio la operación era para tres meses e ibas a estar listo. Cosas que tienes que ir aceptando poco a poco, que tienes que ir adaptando en tu vida, y no queda otra que hacer caso a los médicos, a los fisios, a tu recuperador para intentar recuperarte y estar bien. Trabajamos con muchos médicos, hicimos todo lo posible para estar, he viajado por casi toda España, he tenido que viajar también a extranjero para operarme… (resopla y levanta los hombros.) Son cosas que piensas que nunca van a pasar, no me lesionaba nunca en mi carrera y llegó todo junto. Fueron tres años de mucho dolor, de mucho sufrimiento, de no dormir por las noches, de siempre estar cuestionándome y recuerdo que iba a ver los partidos a Villarreal con una angustia muy grande, a los entrenamientos también, porque no podía expresarme como jugador. Son épocas muy duras.

Contabas los balones que robabas. ¿Contaste también los médicos y las ciudades que tuviste que llegar a visitar en tu recuperación? Porque fue un viacrucis a todos los niveles…

No, no lo he contado, pero fuimos a Vitoria, a Barcelona, a Coruña, fuimos a Turku a operarme en el último momento para intentar que la rodilla funcionase. Todo lo que me iban haciendo era para intentar mejorar y para estar con el equipo. Entiendo que mucha gente dudase de todo, porque cuando te intentas recuperar y es una lesión tan, tan larga entiendo que hubiese dudas y salieron cosas que no me gustaron, que se dudaba de mí, pero bueno, las personas que me conocen saben cómo soy y el dolor que yo sentía por dentro por no poder jugar con el Villarreal, con el equipo de mi vida. Si para mí era muy duro cuando estaba bien, que no tenía lesiones, perderme un partido, imagínate lo que era perderme una temporada o tres meses o cuatro meses. Era algo que no entraba en mi cabeza, que tuve que ir adaptándome a ello, con ayuda también, porque creo que en esos momentos necesitas ayuda para intentar llevarlo, porque si no, no puede ser. Al final tienes que aceptar la situación e intentar trabajar, que es lo único que te queda.

¿Cuándo pediste ayuda psicológica?

Durante un tiempo que me costaba dormir por las noches: pensaba en mi rodilla o en mi espalda o cómo iba a estar en mi lesión. Ya no podía dormir por las noches, me acostaba y veía pasar las horas, me bajaba abajo a ver la tele a ver si podía ver algo para que me entrase el sueño y no pensar en lo que me estaba pasando, pero no, no me pasaba. Pasaba las noches en vela, luego iba a Villarreal, pasaba toda la mañana allí en el club, muchas tardes también intentando recuperarme y era un círculo vicioso del que no podía salir. Ya había entrado en una dinámica que era muy negativa para mí, para mi persona, y lo que intenté es buscar ayuda para intentar hablar con alguien que pudiese darme por lo menos esa calma de ‘estamos haciendo todo lo correcto, estás haciendo todo lo posible y simplemente hay que hacer el caso a los médicos, a lo que dicen para intentar mejorar, y si no puedes jugar más a fútbol, pues tienes otra vida que tienes que adaptarte a ella y seguir por otro camino’.

Yo soy muy reservado también, no cuento las cosas, me las guardo para mí, y era algo muy incómodo. Al final, empiezas a dudar hasta de ti mismo, ‘¿qué pensarán mis compañeros?, no puedo ayudarles, no puedo estar dentro del campo, no puedo jugar, no puedo entrenar, vengo aquí, los saludo, todos entrenan, yo sigo con la bici desde dentro del gimnasio viendo cómo entrenan, termina el entrenamiento, me voy a casa y así un día tras otro, tras otro, tras otro’. Se va haciendo muy duro el día a día y aunque sé que los compañeros no pensaban nada -me preguntaban ‘oye, ¿cómo estás?’, ‘¿cuándo vas a estar para salir a entrenar?’, ‘¿te encuentras mejor?’ Lo que yo pensaba cuando alguien se lesionaba, intentar ayudarle y que estuviese lo más cómodo posible-, pero al final son muchos días y la cabeza te juega malas pasadas siempre.

Dices que te molestó lo que se llegó a decir de ti, que se dudara de la lesión. ¿Qué se dijo? ¿Quién lo dijo?

Son tonterías que salen por redes sociales de gente que ni me conoce a lo mejor, uno sentado en el sofá de su casa puede decir lo que quiera, son comentarios que van saliendo, incluso, periodistas, que eso sí que me molestó más, que dudaban de mí o que decían: ‘¿Qué pasa con Bruno?’ No pasa nada, lo que pasa es que está lesionado y tiene dolor y no puede jugar ni entrenar, eso era lo que pasaba.

Pero ya está, la gente más profesional sí que tienen ese cuidado de que ven primero a la persona y luego al futbolista, que creo que es lo que tienen que hacer los periodistas, que todos somos personas y todos podemos pasar por una mala racha, y los jugadores, los atletas de primer nivel, estamos expuestos a eso. Hay compañeros que se retiran con 20 años por una lesión fuerte y a me pasó con treinta y pico, que ya tenía más o menos mi carrera hecha.

En mi caso al menos, yo nunca dudé de ti ni de tu lesión, me llegaba lo mal que lo estabas pasando, pero sí te confieso que me planteaba muchas veces qué te pasaba realmente, el problema concreto que tenías para estar tanto tiempo fuera. Lo preguntaba, porque no se sabía qué lesión era, no había información…

Yo sí lo sabía, cuando hablaba con los médicos, sí lo sabía, lo que pasa es que yo no quería salir a dar explicaciones cada tres semanas o cada mes diciendo: ‘Pues mira, ahora estamos haciendo esto y lo que vamos a hacer mañana es lo otro y esto no ha funcionado, vamos a hacer otra cosa’. Buah, yo dije: ‘Yo no voy a salir a hablar con nadie, voy a centrarme en mi lesión, en lo que me digan los médicos, en intentar recuperarme porque no quiero dar explicaciones cada tres meses cuando van a ser explicaciones negativas’. Ya hablé luego con el tiempo y dije lo que me pasaba. Entiendo, sí, que hubo un hermetismo en cuanto a mí, pero es porque la gente del club también respetó mi decisión de decir: ‘Pues si no quiere hablar, quiere recuperarse y centrarse en lo suyo, lo vamos a respetar’. Eso fue lo que pasó. A lo mejor me equivoqué y debería haber salido diciendo: ‘Chicos, ahora estamos en este proceso, vamos a hacer esto, dentro de tres meses hablamos y os diré cómo va’. Porque era: yo quería entrenar, salía, me dolía, ‘vale, vamos a cambiar de tratamiento, vamos a intentar hacer eso. Hay que parar dos semanas, hay que volver a pinchar’. Llegaron hasta a ponerme bótox en la rodilla. Yo qué sé las cosas que hicimos, un montón de cosas, yo a todo lo que me decían decía que sí, porque digo: ‘Pues si esto pensamos que puede funcionar, vamos a hacerlo’.

La lesión inicial se achacaba a que te hubieras infiltrado.

Viéndolo ahora, a lo mejor no hubiese forzado tanto, pero no me arrepiento de lo que hice porque fue una decisión en ese momento… Es que yo siempre he actuado así en mi carrera profesional. Si me dicen que te vas a infiltrar y que te va a quitar el dolor para jugar, para mí es suficiente. No voy a mirar más allá. ¿Tiene un riesgo? Bueno, pues sí, tiene un riesgo, pero ‘¿voy a poder jugar mañana?’ Ésa era mi pregunta al doctor. ‘Sí, vas a jugar con dolor, pero vas a jugar’. ‘Pínchame, quítame todo el dolor que puedas, que quiero jugar’. Ésa era mi implicación con el equipo. A lo mejor hay gente que con un mínimo dolor ya no juegan. Bien, también es aceptable, cada uno… He jugado muchos partidos con dolor y muchos compañeros de mi equipo y de otros equipos juegan diariamente con dolor. Ahora estoy viendo unas entrevistas que le están haciendo a Luis Suárez también, que dice que tiene dolor todo el día. Me veo muy reflejado, porque los deportistas de élite muchas veces no estamos sanos y seguimos compitiendo porque nos gusta mucho lo que hacemos y nos sentimos muy implicados con el equipo.


“Luis Suárez dice que tiene dolor todo el día. Me veo muy reflejado, porque los deportistas de élite muchas veces no estamos sanos y seguimos compitiendo”

¿Pensaste en tirar la toalla? Imagino que ante tanto sufrimiento, mucha gente de tu entorno te diría que lo dejaras…

(Sonríe). Cuando estaba lesionado, siempre decía que no, pero realmente sí que lo pensé (se ríe). Yo creo que era un escudo que me ponía a mí mismo, como decir: ‘No, no, no, tengo que conseguirlo’, pero realmente sí que hubo momentos muy duros de decir: ‘Oye…’ Lo hablaba con la gente de mi familia, de máxima confianza, diciendo: ‘Pues si no estoy bien, lo mejor es dejarlo y ya está’. Lo que pasa que siempre seguía, porque la gente que estaba cerca de mí, los médicos, los fisios, siempre veíamos una alternativa, algún tratamiento que seguir. Si me hubiesen dicho: ‘Oye, aquí ya no hay nada que hacer’, pues lo hubiese dejado, pero siempre me decían: ‘Vamos a intentar hacer esto, vamos a intentar hacer lo otro, vamos a volver a hacer esto, vamos a volver a operar, vamos a volver a abrir, a ver si podemos corregir, a ver si podemos…’ Y yo, pues vale, perfecto, lo hacemos, lo que pasa es que a veces esos tratamientos son tiempo, a lo mejor es un tratamiento de cuatro o cinco meses y se va alargando el tiempo y todo se hace más duro.

Porque, Bruno, ¿cuál fue la lesión?

Es que tuve varias. La primera operación fue en la tibia. Me extrajeron un trocito de hueso que se me creó después de un golpe y me dijeron que iban a ser tres meses y me iba a recuperar. A las dos semanas más o menos de la operación, me desperté con un dolor muy fuerte en el escafoide, en el pie, un Sudeck, el famoso Sudeck, que creo que hay mucha gente, yo era de los que no sabía qué significaba eso. De hecho, estuvimos unos quince días hasta descubrir qué era realmente lo que me pasaba, porque me ponía de pie y se me oscurecía la pierna. Me desperté de la siesta con un dolor muy fuerte en el escafoide y yo no había hecho nada, simplemente estaba de reposo en casa.

Fue un año y medio hasta que se me fue el dolor, no del todo, porque incluso ahora mismo a veces me viene el dolor del Sudeck. Como ya sé lo que tengo, sé que me dura unos diez o quince días y se me pasa, pero la primera vez que me pasó lo tuve año y medio y es una cosa que yo no entendía para nada. ‘¿Cómo que un Sudeck? ¿Qué es eso?’ Empiezas a ver y hay gente que vive de por vida con un dolor así, o que lo tienen cinco o seis años. No sabíamos cuándo se iba a ir. Era la zona del golpeo justo, me hice una protección para intentar golpear el balón y que no me doliese en esa zona, cámara hiperbárica tres-cuatro horas por la mañana todos los días en el Hospital de Castellón… Muchos tratamientos que ayudaban pero no corregían el dolor. Era una situación súper desagradable, porque a veces me despertaba por las noches y, de verdad, no puedes apoyar el pie, no lo puedes ni siquiera mover. Iba gateando al baño para hacer pis porque era un dolor insoportable. La gente que tiene este problema lo sabrá, porque es muy doloroso. Y al año y medio o así se fue adaptando un poco el cuerpo y se me fue yendo. Claro, yo no sabía si ahí en ese momento la rodilla iba a funcionar bien.


“Jugué los últimos partidos de mi carrera con molestias, a trancas y barrancas intenté terminar de la mejor forma para decir adiós y gracias”

Había estado un año y medio tratándome un dolor en el pie sin poder tratarme de la rodilla o sin poder ver cómo estaba la rodilla para entrenar. Empecé a entrenar, empecé a tener otra vez problemas en la rodilla. La rodilla no funcionaba bien, apenas podía flexionar con fuerza la pierna, tenía dolor. Fue cuando empezamos a viajar a Barcelona, a Coruña, a Vitoria, a muchos sitios para hacerme tratamientos. Me pinchaban, veíamos cosas que iban bien, que no iban bien. Iba a volver a entrenar, seguía teniendo dolor, hasta que al final fuimos a operarme otra vez a Turku, a Finlandia, con el doctor Orava, que me dijo: ‘No sé si vas a volver a jugar a fútbol a máximo nivel, pero sí que sé que te voy a dejar mejor de lo que estás’. Entonces, con eso ya me servía para operarme y ver cómo iba a estar. Me operé del tendón y a partir de ahí encontré una mejoría. Claro, yo ya venía con dos años casi medio sin apenas entrenar. Era como volver a empezar, volver a tener problemas en la espalda. Cuando empecé, la rodilla seguía sin funcionar bien, hasta que al final pude jugar esos últimos partidos de mi carrera, que fueron muy pocos y con molestias, y a trancas y barrancas intenté terminar de la mejor forma para decir adiós y gracias. (Se ríe).

Y quitarte un peso de encima y dejar atrás las lesiones y los sustos, porque ese momento de verte la pierna negra imagino que te hace plantearte ya no qué va a ser de tu carrera, sino de tu vida.

Sí, cuando me pasaba lo del Sudeck era una impotencia muy grande, porque no podía mover el pie, no podía hacer ningún gesto, con un dolor enorme. Recuerdo que un día me desperté un domingo y no había entrenamiento, estaba con mi mujer y me dijo: ‘No sé qué te pasa, pero vete a Villarreal porque esto no es normal’. Cogí el coche, nos fuimos a Villarreal, llegué y el doctor me dijo: ‘Te ha vuelto el Sudeck, ahora otra vez hay que empezar a mover…’ El dolor era increíble, y así tuve varios procesos. A veces se me iba y a los quince días estaba a lo mejor cenando y me volvía un dolor en el pie muy fuerte. Era como volver a empezar otra vez, a volver a moverlo, otra vez cámara hiperbárica, otra vez todo el tratamiento, tal. Era una impotencia enorme, no sabía qué hacer ni a qué cogerme porque es una enfermedad que no te hacen nada y te curan. No te pueden pinchar y curarte, no te pueden abrir y operar y curarte. Eso se tiene que ir con el tiempo porque es un problema en el hueso y no sé por qué se tiene que adaptar todo el cuerpo otra vez, tiene que resetear y volver a estar bien.

¿Y a día de hoy? Porque dices que de vez en cuando te viene ese dolor. ¿Tienes muchas secuelas físicas? Muchas veces vemos, por ejemplo, a Rafa Nadal, también ese afán por superar sus lesiones, pero piensas en qué calidad de vida va a tener en cuanto a dolores y problemas físicos el día de mañana…

Sí, yo me veo muy reflejado en él en ese sentido, porque ahora mismo lo veo: ha estado un tiempo sin jugar, supongo que habrá tenido todos los mejores cuidados, intentando volver a jugar al máximo nivel… Ufff. Es el miedo que yo tengo también con él, que lo veo y pienso: ‘¿Cuánto te va a durar esto?’ Veo que está siempre ahí tambaleándose y, de hecho, ahora ha jugado un partido y ha vuelto a caer.

Me veo muy reflejado en él por eso, porque creo que para él será un sufrimiento muy grande el no poder estar bien y poder desempeñarse como jugador de tenis, como poder decir: ‘Me encantaría no tener ningún dolor y seguir compitiendo para ganar más Grand Slams’, pero bueno, es la vida que tiene que tener ahora, creo que es su último año y va a decir adiós. Y sí, yo me veía muy reflejado en él, como digo, porque con estos problemas al final tienes que parar y tener otra vida.


“Me veo muy reflejado en Rafa Nadal. Lo veo y pienso: ‘¿Cuánto va a durar esto?’ Con estos problemas físicos al final tienes que parar y tener otra vida”

Yo ahora a lo mejor salgo a correr, tengo que parar, llego a casa y me tengo que poner hielo en la rodilla porque ya empieza a dolerme, puedo jugar un partido de tenis o a pádel con mis amigos. Puedo hacer deporte, pero cuidándome. La espalda siempre la tengo también con problemas. En mi casa siempre hemos tenido muchos problemas con la espalda, pero para hacer vida normal estoy bien. Si puedo seguir así unos años y haciendo deporte, que es lo que me gusta… Es verdad que cuando dejas de jugar en Primera División o ser deportista de élite, si un día te duele, te quedas en casa y no pasa nada, no es como cuando eres jugador que si te molesta y al día siguiente tienes que entrenar, ahí vienen los problemas.

Los dos habéis trabajado mucho. En su caso, él sigue trabajando para poder volver, competir y despedirse también en condiciones. Tú que ya has vivido ese proceso, ¿qué piensas: «Rafa, déjalo ya» o le animas a seguir?

No, no, me encanta que haya tomado la decisión de seguir porque creo que se lo merece. Aunque juegue tres partidos y diga: ‘Oye, mira, ya no quiero jugar más. Es que he intentado jugar este año, pero no voy a jugar más’. Bueno, pero por lo menos lo ha intentado, y creo que se merece despedirse con la afición. Aunque sea llegar a Wimbledon y jugar medio partido, creo que tiene el derecho, que se lo ha ganado el decir: ‘Juego, y si me da el dolor y me voy a mi casa, os digo adiós’, y que se lleve por lo menos esa ovación del público, se lo ha ganado. Lo quieren un montón en su deporte y tiene ese derecho de decidir lo que quiera, vamos. No me entra en la cabeza a veces lo que dice la gente de ‘por qué vuelve si no está para jugar’. Porque ha decidido eso y punto. Es su vida. Y creo que es el mejor deportista español de la historia y puede hacer lo que quiera con su vida y con su carrera.

Tú te despediste sin esa ovación ante el Eibar, no había público en las gradas por el COVID. Te pudiste quitar después la espinita en el homenaje que te hizo el Villarreal en 2022, ya con el público en el estadio.

Sí. Al final de mi carrera tengo varias espinitas: la de no conseguir un título, la de no despedirme bien y alargar mi carrera más, la de no despedirme con la afición con tantos años que hemos tenido ahí disfrutando en Villarreal… Me acuerdo de muchos partidos buenos y no voy a ser hipócrita, creo que me merecía esa ovación, ya no sólo por mí, sino por decir también a toda la afición: ‘Oye, gracias por todo, he llegado hasta aquí’, que mi familia pudiese disfrutar de ese momento también, y mis amigos, y despedirme de la afición de Villarreal, que es que siempre me tratan tan bien, también ahora cuando voy a Villarreal a veces y me encuentro con ellos por la calle o fuera del estadio. No pudo ser, pero también me adapto, como la lesión: las cosas vienen así, hay que adaptarse en la vida e intentar disfrutar y coger lo mejor.

Disfrutaste en tu ausencia de Rodri, Rodrigo Hernández. Tú detectaste muy pronto el gran futbolista que podía llegar a ser.

Sí, yo creo que en Villarreal nos dimos cuenta muy pronto. Lo que me da pena es que Rodri no haya podido jugar más aquí en Villarreal con nosotros, porque ya se veía todo su potencial. No sé si nos equivocamos nosotros no ofreciéndole más contrato, porque estaba claro que a lo mejor algún día podía salir y poder ganar más dinero con su traspaso. Creo que luego le pasó también al Atletico de Madrid lo mismo. Ahora seguro que están pensando ‘qué jugador dejamos ir’. Está claro que lo vendieron por mucho dinero, pero ahora parece barato. Y, de verdad, yo lo veía claramente: lo vi en Villarreal, lo vi en el Atlético de Madrid también. Sabía que iba a ser un jugador importante en el fútbol español y coincidíamos todos dentro del vestuario en lo mismo, no era una cosa mía. Los compañeros lo comentábamos. Cuando empezó a entrenar con el equipo, en tres entrenamientos ya vimos que era un jugador especial, no sólo por cómo jugaba con balón, sino también por cómo jugaba sin balón. Con esa agresividad que tenía siendo un chaval tan joven ya ves que es algo diferente. En Villarreal fue un proceso de adaptación, en el Atlético también al principio un proceso de adaptación, hasta que ya vimos que ahora en el City está en su mejor momento.


“En tres entrenamientos vimos que Rodri era un jugador especial, no sólo por cómo jugar con balón, sino también por cómo jugaba sin balón. Con esa agresividad siendo tan joven ves que es algo diferente”

MVP tras MVP, título tras título, líder en el City y en la selección.

Es una lástima para mí que esté jugando en el City. Aunque creo que el City es un equipo de los mejores del mundo, claro que sí, pero a mí me gustaría que estuviese en España. Me encantaría que estuviese en Villarreal, por supuesto, pero si no, en un Madrid o en un Barça. Creo que jugadores así, en el caso de Santi Cazorla, de David Silva, hemos dejado escapar un poco del fútbol español a estos jugadores que han ido a Inglaterra y han tenido una carrera muy grande que podríamos haber disfrutado aquí, en nuestro fútbol. Pero bueno, también hay jugadores extranjeros aquí en nuestra liga, eso es normal.

Dices que era un jugador diferente, lo comentamos. Y también muy despistado. Calleja añadió otra anécdota, de llamarle porque no llegaba al autobús y decir que estaba estudiando, y estábais esperándole porque jugabais en Mestalla y os teníais que ir a Valencia…

(Se ríe). Sí, sí, era un poco desastre (hace el gesto de las comillas) en ese sentido. Un día no había entrenamiento, llegamos a entrenar los lesionados y se presentó a entrenar. Y dijimos: ‘Rodri, ¿pero dónde vas?’ ‘A entrenar’. Y dijimos: ‘Pero si hoy no hay entrenamiento’. Y dice: ‘No, no, pero he venido a tratarme un poco’. (Se ríe) Qué va, mentira. Había venido, no había entrenamiento y estuvo diez minutos allí tratándose para hacerlo ver un poco, cogió el coche y se fue. A veces los jugadores que son muy buenos también son especiales en ese sentido. Tienen estas cosas de que le dan poca importancia a algunas cosas que otros les dan mucha: me parece fenomenal que no tenga redes sociales o que sí, que haga su vida privada y que haga cada uno lo que quiera.

Aquel día destacabas para bien que tampoco le gustaba la ropa de marca, que era algo que alababas, esa discreción general que tenía y que a ti también te gusta, pero en tu caso tú tuviste un Ferrari azul…

Sí, sí, sí. Nada, en aquel momento me vi un poco arriba (se ríe). Fue porque a mí siempre me han gustado mucho los coches. De hecho, disfruto cuando veo pasar un coche cerca y lo miro. A uno le gustan los relojes, a otros los coches, a otros, nada, y a mí siempre me habían gustado mucho los coches. Siempre me fijo mucho en las marcas, en la forma de los coches, en todo. Y entonces, pues bueno, en aquel momento decidí comprarme este coche del que pude disfrutar un tiempo y luego ya lo vendí, y no me arrepiento para nada. Para mí eso es un coche normal. Y de hecho, la gente que me conoce sabe que no lo hice por nada, simplemente porque me gustaba ese coche y ya está.

Esto igual se lo tendría que preguntar a Jordi -el amigo que le acompañó durante la entrevista-, pero, ¿cómo era verte aparecer por Artana con el Ferrari? Serías la atracción del pueblo, vamos.

(Se ríe). No, no, la gente de Artana es adaptó rápido, porque la gente me conoce y saben cómo soy. A muchos amigos míos, sí que al principio les llama un poco la atención, pero al poco tiempo ya veían el coche aparcado delante de mi casa o en casa de mis padres o delante del bar donde íbamos a tomar algo, se metían dentro del coche, se hacían fotos o incluso a veces les he dejado el coche. ‘¿Quieres llevarlo?’ No hay problema en eso, para mí no significaba nada ni era como una joya. Era un coche del que podía disfrutar y pasármelo bien y ya está.

¿Te has reencontrado ya con Marcelino o todavía no? ¿Cómo valoras su vuelta al equipo?

Bien, bien. Yo creo que con lo que estaba pasando aquí en Villarreal necesitábamos un cambio. Con los entrenadores que habían pasado no estábamos teniendo resultados y, cuando no tienes resultados, al final el entrenador es lo que pasa, hay un cambio. Lo que había por el mercado, más o menos, todo hacía indicar que era Marcelino la persona que iba a venir y así fue, y ahora creo que necesitan un poquito de tiempo. Ya hemos visto que el problema no es el entrenador, sino que el problema es más de fondo, que se tiene que estudiar bien, se tiene que trabajar bien y hay muchas cosas que ver poco a poco. Yo no estoy ahora mismo dentro del equipo y no puedo hablar más. Puedo dar la opinión como la que puedes dar tú o cualquier aficionado. Veo los partidos desde casa, cambiaría muchas cosas, otras no, pero es una opinión mía personal, que no estoy dentro del club. Entonces, hay que tener paciencia. En Villarreal, ya lo sabemos, nos gusta estar arriba, nos gusta estar en Champions o en Europa, pero hay muchos clubes importantes y poco a poco hay que ir creciendo e intentar ganar partidos para salir de esta situación.

En tu opinión y hasta donde te quieras mojar, ¿qué cambiarías? ¿Alguna clave que digas ‘esto hay que cambiarlo sí o sí’?

No, no, no. No me atrevo a decir eso porque no estoy dentro del club, no estoy metido y no me piden opinión, entonces, tampoco la voy a dar. Simplemente, lo que vemos todos los aficionados que nos gusta el fútbol y que seguimos al Villarreal, lo que ahora mismo acaba de decir también el míster: es imposible tener buenos resultados encajando tantos goles. Eso es una falta que tenemos ahí que hay que mejorar y que estoy convencido de que lo están intentando. Cuando llegó el equipo no encajaba, éramos fuertes, hasta que hemos tenido ya un par de resultados que nos han metido otra vez goles, hay que volver a trabajar el aspecto defensivo.

Cuando hablo de esto por supuesto que no hablo de los defensas, es un equipo, son los once, defienden todos, hasta el delantero tiene que defender y lo hace muy bien Geri, que siempre se deja el alma en cada partido, que es lo que veo. Pero la situación es la que es. Hay que salvar la temporada porque estamos en una situación muy, muy complicada. Hay equipos por debajo que si ganan dos o tres partidos seguidos nos pueden alcanzar y es preocupante. Estoy sufriendo bastante porque sólo quiero que termine esta temporada, salvarla e intentar estar lo más arriba posible y a partir del año que viene, planificar otra vez para tener un equipo potente.


“Estoy sufriendo bastante con el Villarreal. Sólo quiero que termine esta temporada, salvarla y a partir del año que viene planificar otra vez para tener un equipo potente”

Dices que no estás dentro del club, pero porque no quieres, ¿no? Porque imagino que desde el momento que te marchaste te han abierto totalmente las puertas.

Sí, cuando voy a Villarreal siempre perfecto, no hay ningún problema en ese sentido conmigo. Es verdad que mucha gente me pregunta: ‘Oye, ¿pero por qué no estás dentro del club? ¿Qué haces? ¿Qué tal?’ Bueno, simplemente he decidido estar ahora mismo al margen y tener otra vida, vivir de otra forma y disfrutar de otras cosas que no he disfrutado en los últimos 20 años de mi vida, y ya está. Entiendo que es una posibilidad que está ahí y que a lo mejor el día de mañana quiero y no puedo.

Ahora estás viviendo y quizá sigas haciéndolo unos años pero, ¿te planteas en un futuro volver a vincularte al fútbol?

No voy a negar que cuando voy a Villarreal, a la ciudad deportiva o al estadio, y veo el balón por el césped y que el césped está perfecto y veo a la afición y veo que va a empezar el partido, bufff, los jugadores yo creo que todos tenemos eso, que nos pica el fútbol y que nos encanta, estar dentro de un club en Primera División y poder viajar, poder ver los estadios llenos, poder tener esa posibilidad de competir contra los equipos y poder ganar, al final los jugadores somos competitivos y vamos a seguir así hasta el final.

No lo sé, a lo mejor no voy mucho por eso, porque cuando voy siempre me tira mucho y digo: ‘Algo tengo que hacer con mi vida, algo puedo aportar aquí’, pero no sé, voy día a día. Tampoco me obsesiono con tomar una decisión, porque he pensado muchas veces, es verdad, y a lo mejor no lo he dicho nunca, en ir a Villarreal y decir: ‘Oye, Fernando, ¿qué podemos hacer?’, pero no me quiero precipitar porque no me quiero ver luego en una situación de ‘me he equivocado, no tendría que haber tomado esta decisión’. Entonces, me tomo mi tiempo y lo que tenga que venir, vendrá.

Hablábamos de las espinitas que tenías, y no sé si no haber tenido más participación con la selección ha sido una de ellas, pero claro, vaya jugadores había en aquella época, que centro del campo con los Xavi, Iniesta, Xabi Alonso…

Sí, siempre lo comento en mi círculo más cercano, con los amigos o con la familia, que he tenido mucha suerte pero también he tenido mala suerte de coincidir con la mejor generación de la historia de España. Recuerdo perfectamente cuando hacían las convocatorias los entrenadores de la selección y de 22 o 23 que iban había uno o dos que bailaban, pero poco más. En mi posición estaban los Xabi Alonso, Xavi, Iniesta, Cesc, Silva, Santi, Javi García que creo que también iba por aquel entonces. Muchos jugadores muy potentes, muy buenos. En la selección el once estaba hecho y los seis o siete, no los uno o dos, sino los seis o siete que venían después, también. Y estoy de acuerdo. Eran jugadores excepcionales, con un talento increíble, he podido disfrutar con ellos, aunque no todo lo que me hubiese gustado. Me hubiese gustado, por supuesto, tener mis 50 o 60 o 70 partidos en la selección, pero he tenido que coincidir con esa época y ya está, no pasa nada. He disfrutado en los entrenamientos, he podido verles de cerca, compartir con ellos y ya está. Ahora creo que es otra vez una transición que estamos teniendo, con jugadores muy buenos también, muy jóvenes, pero es difícil que podamos tener esa selección tan increíble que teníamos hace unos años, que yo creo que todos, posición por posición, elegiríamos justo los que ganaron las Eurocopas y el Mundial.

Cristina Bea

Después
de
contar
partidos
de
fútbol
a
pie
de
campo
en
radio
y
televisión,
Cristina
Bea
ahora
narra
historias
como
colaboradora
en
Relevo.
Natural
de
Torrent
(València),
estudió
Periodismo
en

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